A los que nos salvan

2018
19 marzo
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Este será el décimo aniversario, el más triste aniversario, aquel en que no hay nada que celebrar, nada que recordar, sólo tu marcha, injusta, precipitada, incomprensible en tanta vida, en tanta bondad.

Parece que se repite la ecuación, esa en la que justo el momento antes de empezar a vivir, de empezar a recoger los frutos después de tanta lucha, de tanto esfuerzo, llega la enfermedad, la más temible, la que incluso nombrarla da miedo, da pánico.

El cáncer nunca afecta únicamente al enfermo, no sólo lo ataca a él. El cáncer lo pudre todo, lo oscurece todo, lo destroza todo, lo desgasta todo. Desde la operación en la que nadie sabe del todo como ha ido, aunque se extirpa, nadie sabe con exactitud si volverá, si seguirá escondido en algún lugar desconocido. En el tratamiento, cuando llegabas tan cansada a casa, y aunque sin ganas de hacer nada, seguías con esa fuerza en la mirada, me decías muy bajito antes de dormir que lo conseguirías, que saldrías de esta, que eran demasiadas las ganas de vivir, y nos esperaba la que iba a ser la mejor etapa, el mejor momento.

Dos años de lucha sin tregua, primero las pruebas para descartar la metástasis, entonces la eterna operación, en la que la Doctora Piñol se dejó la piel, y salió, salió bien. La esperanza es el peor desenlace cuando no se cumple, resulta ser cicuta en vena. La quimioterapia fue durísima, recuerdo esos fatídicos miércoles de tratamiento, verte llegar a casa, cansada, envenenada, con la mirada perdida buscando la cama, siempre con tu caricia, con la fuerza para consolarnos a papa y a mí. Tanta era tu fuerza, que siempre te quedaba una caricia para decirme que todo iba bien, que estabas mejor, que con un abrazo todo estaba mejor.

Y llego lo peor, la desesperanza, la derrota, la injusticia, la rabia, la mierda de una enfermedad que no da tregua cuando vuelve, y lo arrasa todo, y lo mata todo, y nos mató a todos, aunque sigamos algunos aquí, algo murió para siempre dentro de nosotros al perderte.

Hay héroes de bata blanca que cada día luchan para que no vuelva ocurrir, para recuperarte de algún modo, para que no sea en balde tú muerte.

A los que nos salvan aunque a veces no puedan, a los que no duermen intentando salvarnos a diario, aunque a veces no puedan. A los que nos acompañan en el viaje más duro, entre paredes blancas, aunque luego nos olvidemos de sus nombres, de sus caras, a ellos un reconocimiento sincero, entregado, a nuestros héroes que intentan salvarnos cada día.

Gracias Doctor Salvador Navarro, por acompañarme en los primeros pasos de ese túnel tan oscuro, de darme una opinión objetiva, con la pausa necesaria, con su humanidad eterna.

Gracias a la Doctora Marta Piñol, por prometerme que ella no padecería, que no me preocupara, que no permitiría el sufrimiento cuando la esperanza sólo fuera un mimo antes de irse, que no lo permitiría.

Gracias al Doctor Josep Baselga, por no rendirse a diario. Por seguir investigando a diario, por intentar salvarnos.

Gracias al Doctor Manuel Hidalgo, gracias a la Doctora Anna Lluch, a la Doctora Purificación García, gracias al Doctor Luis Pazares, gracias al Doctor Miguel Martin Jiménez, gracias al Doctor Josep Tabernero, y gracias a tantos y tantos más que cada día nos acompañan, a enfermos, y a sus familiares, gracias a los luchan, gracias a los que nos consuelan, gracias a los que humanizan la enfermedad, y lo entienden, y lloran, y nos protegen.

A los que luchan, a los que nos salvan cada día de esta pesadilla que es el cáncer, y que no se esconden, y que dicen las cosas por su nombre, y miran sin miedo a la enfermedad, y se enfrentan, y se levantan en cada derrota para seguir adelante, y lo hacen por nosotros, por todos. Sin más reconocimiento que su trabajo, sin más recompensa que la sonrisa de quien lo consigue, y también de quien no lo consigue, pero agradece cada esfuerzo, cada abrazo, cada mimo.

Gracias a los que nos salvan

2018
19 marzo
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