La emoción de leer a David Trueba

2017
23 agosto
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Tom Hall

La pérdida de la emoción por las cosas, o la gran estafa de la madurez, son sinónimo de crecer en años.

Es así, esas primeras sensaciones de cuando eres niño, despertar, conocer, abrazar por primera vez. El sobrevalorado primer beso, la primera noche fuera, el primer viaje, los primeros conciertos, las chicas pasando por delante del bar de “siempre”. El partidito de fútbol del sábado por la tarde…. Desconocemos donde la encerramos, pero es evidente que a medida que pasan los años perdemos emoción por las las cosas y nos acabamos refugiando en los recuerdos que sirven de analgésico a la realidad.

Por eso es tan importante mantener la emoción en aquellas cosas, momentos o personas que sobreviven al tiempo. Hay que proteger a las emociones que nos quedan porque nos va la vida en ello, porque cada vez que muere una emoción en nosotros, algo de nosotros también muere.

Atino a recordar pocas emociones vivas en este momento de mi vida. Acelerar el paso cuando llego a casa para ver a los niños despiertos después de la cena, sentir el acelerar del corazón por pensar en su abrazo, en cómo será, en como llegarán corriendo desde la cocina y se tiraran literalmente al cuello. Pura emoción.

Las charlas de los domingos por la tarde con mi padre, en el momento que aparece mi madre y su recuerdo en nuestros labios, recordando algún viaje, alguna caricia, alguna reprimenda, mirarnos y emocionarnos.

Preparar con Luis alguna final del Barça por Europa, los paseos y cánticos por las ciudades que hemos conocido y el momento del gol y el abrazo, la emoción por ser parte de la victoria. El deporte que tanto me ha dado, sin dinero ni medallas, me ha regalado parte inequívoca de quién soy.

Las entradas del último concierto de Mikel, que siguen recordándome los mejores momentos de mi vida, sentir en su voz que aún no está todo perdido, y la piel se eriza de nuevo, de emoción nostálgica.

Esa espera me ocurre con David Trueba cuando amanece su nueva publicación. Siento la misma emoción que cuando cerré la última página de Cuatro Amigos y como si ser parte de la historia, la hice mía para siempre. Como cuando en Saber Perder encontré y me reencontré dándome una tregua.

Como el amor del primer verano, cuando te sorprende siempre, como la primera vez, con esa emoción de sentir su mirada en tu alma, y como te estremeces al sentir el roce de su piel.

Cuatro amigos relata las aventuras, peripecias y problemas que cuatro amigos viven en unas vacaciones de verano improvisadas, hechas con el fin de escapar de sus malas situaciones personales. En el transcurso de las vacaciones se dan cuenta del poder de la amistad, de que sus problemas no se olvidan escapando y que el pasado siempre manda factura.

Solo y sus mejores tres amigos, Blas, Raúl y Claudio, todos treintañeros, deciden escapar del sofocante y agobiante Madrid de agosto por medio de unas vacaciones espontáneas y sin rumbo fijo, dejando atrás sus trabajos, familia y problemas. Recordando así sus viejos tiempos de juventud, sus juergas desenfadadas y sus excesos con el alcohol y las mujeres. (wikipedia)

Biografía de David Trueba.

2017
23 agosto
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