El modelo sí importa

2017
3 marzo
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Winter Pier, editada con licencia CC BY-ND 2.0

El modelo y lo valores sí importan.

Estamos en un momento en que parece que lo único que importa es el resultado, nos hemos convertido en una sociedad resultadista. Donde el modelo, la filosofía, la educación y la esencia pasan a un segundo plano, y donde hablar de horizonte de largo recorrido, es algo parecido a hablar de Marte o Júpiter.

Y se impone en todos los ámbitos, en todos los sectores. Incluso en las relaciones personales, donde la inmediatez se impone al sentimiento. Y en mi opinión, sustituimos los valores, los principios que aunque son inmateriales, intangibles, representan realmente de lo que estamos hechos, de la piel que escondemos debajo del cuerpo. Pues bien, estamos delante de la sustitución de los valores por el materialismo del resultado, reduciendo toda nuestra naturaleza al resultado, sin zonas de análisis ni reflexión. Ni método, ni ética, sólo el resultado.

Cuando respetas el método por encima de la finalidad, cuando decides cuidar el proceso antes que el resultado, cuando apuestas por construir cimientos sólidos antes que grandes tejados, es entonces cuando te das cuentas que escoges el camino complicado, el de los pocos elogios en el transcurso del trayecto, pero por mucho que lo intenten, sigo pensando que la única manera de conseguir algo de lo que realmente de puedas sentir orgulloso, es haciéndolo desde el método, principios y valores basados en el trabajo, la perseverancia, la honradez, el talento y la imaginación. Cueste el tiempo que cueste, sea el camino lo largo que sea…y nunca renunciar a ellos.

Lo vemos constantemente, como en la reciente renuncia de Luis Enrique como técnico del Barça, lo avalan los títulos, el apoyo institucional de una dirección sin rumbo que apostó por él como último salvavidas para no perder las elecciones, incluso en voz baja alguno de sus pupilos le agradece su entrega, pero que no deja ninguna sensación de orfandad. Incluso la sensación de las victorias tienen un sabor amargo en la pérdida de identidad.

A más títulos, menos identidad, menos principios, menos cantera, menos valores, menos Barça… Y pensando que es un hombre entregado en su trabajo y su profesión, tenemos la terrible sensación que su entrega es en beneficio personal, que los títulos son suyos, no de todos. Rompió con la cantera, rompió con el estilo que hizo al Barça eterno, rompió con los valores de nuestro club que pierde y se levanta con orgullo, del que sabe ganar, y del que sabe perder.

Nos quedan imágenes seguramente injustas, pero ciertas. De desplantes constantes a la prensa, a la afición y a la propia cantera. Nos deja imágenes de vergüenza ajena después de la derrota en Paris encarándose a un periodista como si de una reyerta callejera se tratará, nos deja sin la magia de la ilusión y la sonrisa de contagiar un estilo único de futbol en el mundo, nos deja con ganas de volver al origen, a la esencia, con ganas de equivocarnos si cabe, pero nosotros, sin parches, sin atajos, sin trampas…. Como aquel con el que si nos sentimos huérfanos cuando se nos dejó, Pep Guardiola.

2017
3 marzo
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